Soy mamá, esposa y una mujer como tantas, que busca equilibrar la vida familiar con un trabajo que realmente la llene. Me describen como una persona cálida y dulce, y lo que me diferencia es que nunca bajo los brazos: decidí dedicarme a lo que amo, las terapias holísticas, y al mismo tiempo priorizar a mi familia.
Hoy mi propósito es claro: ayudar a otras mujeres a que también puedan vivir de las terapias holísticas sin tener que resignar su vida personal.
Tengo 42 años, estoy casada y soy mamá de dos hijos que son mi motor: Joaquín, de 10 años, y Lauti, de 8 meses. Ellos, junto a mi esposo, son mi mayor tesoro.
Cuando nació Joaquín, yo trabajaba bajo relación de dependencia. Me sentía esclavizada: pasaba más horas en el trabajo que con mi bebé, y él compartía más tiempo con la niñera y la guardería que conmigo. Ese dolor fue el punto de quiebre.
Decidí entonces enfocarme en lo que ya venía estudiando: las terapias holísticas. Puse una meta de un año para dejar mi empleo, pero en solo tres meses logré renunciar y dedicarme de lleno a lo que amaba 💖.
Ser mamá me cambió la vida: mis prioridades dieron un giro y comprendí que mi tiempo era lo más valioso. Hoy mi día a día es un equilibrio entre el rol de madre y el de emprendedora: por las mañanas me dedico a mis hijos, y en los ratos que Lauti me lo permite, avanzo con mis clases, consultas y proyectos.
Mi historia con las Flores de Bach comenzó a los 15 años. Recuerdo entrar a una farmacia donde vi un cartel que decía “Flores de Bach”. Una señora me preguntó qué me pasaba, me preparó un frasco y, sin entender mucho, lo empecé a tomar. Solo sabía que mi ánimo mejoraba.
Años más tarde, a los 23, en medio de otro momento difícil, recordé aquella experiencia y busqué información. Gracias a internet descubrí más sobre ellas y me animé a hacer mi primera formación en terapia floral. Desde entonces nunca dejé de estudiar, sumando herramientas y técnicas que me apasionaban.
Claro que no fue fácil: muchas personas me decían “¿Qué es eso?”, “Te vas a morir de hambre”, “¿Cómo vas a renunciar a un trabajo en blanco?”, “Te vas a quedar sin obra social”. Pero yo sabía que este era mi camino.
La primera vez que estudié Flores de Bach sentí que todo cobraba sentido, que estaba en el lugar correcto. Hoy, ser terapeuta holística significa para mí haber logrado vivir de lo que amo, acompañando a otras personas en sus procesos de sanación y crecimiento.